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domingo, 3 de mayo de 2009

La cabeza no responde


Días antes del tsunami que mató a casi trescientas mil personas, sólo los animales y los locos se apartaron instintivamente de las costas.

A los animales los llamamos bestias y así nos consolamos en nuestra simpleza. Al loco, que en nada es mejor o peor, le tememos. Es la diferencia lo que incomoda.

Tal vez no sepa captar ese detalle o formalismo social que le delata, pero sabe captar la tragedia en forma de ola enorme, miedo o mentira o el amor en formas inimaginables.

La cabeza no me funciona”, me decía preocupado, hace años, un buen amigo.

Si piensas que no funciona, ya está funcionando para pensar que no funciona”, le contesté. Y esa frase tan sólo alivió el ritmo de funcionamiento de la cabeza que no funcionaba, alivió su minúscula pero infinita tragedia.

En sociedades dementes y alienadas, ser catalogado como un loco no puede ser sino un halago y, en muchas ocasiones, un salvoconducto para que te dejen en paz.

Personalmente, sigo haciendo méritos para conseguirlo.

Nekovidal 2009 – nekovidal@arteslibres.net

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