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miércoles, 13 de mayo de 2009

Atrapada en el tiempo


ATRAPADA EN EL TIEMPO

Por Carmen María

Atrapada en el tiempo que no era suyo, Libertad se deshacía cada vez que tenia ocasión en cumplidos hacía su padre, año tras año perseguido por el yugo franquista.

Aquella tarde de noviembre estaba algo nublado en Valparaíso, sin embargo el verano estaba próximo, los días se sucedían más largos y las altas temperaturas incitaban al ocio.

Blas había dispuesto cerrar la tienda de comestibles que regentaba e invitar a Raquel a ir al cine, en esta labor se encontraba cuando Don Gabriel, el vecino de enfrente vino a avisarle.

-Don Blas, conferencia desde España.

-Cierra tú la cancela, Líber -gritó a su hija

Y se apresuró a coger el teléfono.

-¿Sí?, ¿quién llama?

-Blas hermano, soy José desde España.

-Hola hermano, cuanto gusto escucharle

- Blas tengo que decirte algo muy importante; ya puedes venirte a tu pueblo, el caudillo ha muerto.

Un gélido silencio se escuchó al otro lado del auricular

Tan sólo el llanto de aquel joven cargado de ideas de sublevación y revueltas se oyó durante buena parte de la charla.

Cuando Blas regresó a su casa apenas pudo balbucear algunas palabras que no fueron entendidas.

Y apresuradamente fue hasta la cocina a encender la radio.

-Papá, papá ¿qué te pasa ha ocurrido algo en España?

Que si ha ocurrido, pues claro que ha ocurrido algo, el miserable ha muerto.

Aquella noche Blas celebró la inminente vuelta a su patria y no paró de hablar de Antonio, de Miguel, de Pepín , sus amigos de siempre, poder abrazar a sus hermanos los que aún le quedaban vivos y beber agua hasta hartarse de la Fuente Cantarero.

Libertad estaba muy feliz puesto que por fin su padre podría abrazar la idea que albergaba desde hacía tanto tiempo Sin embargo, toda la dicha se ensombrecía al pensar en no volver a ver nunca más a Jorge Godoy, el joven del que estaba ennoviada a escondidas de sus padres desde que empezó en la facultad.

Ella era conciente de que un día se irían pero lo divisaba lejano y de repente el tiempo se había transformado en algo tan próximo que las siguientes navidades para las que todavía faltaban un mes, pareciera que iban a celebrarse al día siguiente o incluso esa misma noche.

La historia se jactaba en repetirse, volviendo a extraer raíces y retornando a un forzado exilio.

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