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domingo, 4 de octubre de 2009

No me da la gana

Por Begoña R. Joya

Aunque no exista el tiempo y todo sea un eterno sin principio ni fin, las estaciones se suceden una tras otra y donde ayer era verano ahora es otoño, igual a todos los anteriores otoños del transcurso de nuestra vida. Esta semejanza quieta, este repetirse una y otra vez como la rueda de una noria en la que a veces se está arriba y a veces abajo, esta permanencia en forma de ley natural dota a la realidad de una sincronía en la que todo vuelve y se repite como la cadencia de la propia vida.

Ana se despertó aquella mañana con la sensación de que todo seguía igual aunque todo hubiera cambiado. No me da la gana pensaba una y otra y otra vez. ¿Por qué he de asumir esa responsabilidad? ¿Por qué hacen cada día el recuento de las desgracias del mundo? ¿Qué puedo hacer yo, a parte de intentar cambiar por dentro? ¿Qué puedo hacer por toda esa agente que muere a diario? ¿¿Y ante la injusticia y el crimen? ¿A qué viene tanta y tan variada información? ¿Por qué no hay un diario de buenas noticias?

La noche anterior había tenido un sueño extraño, en el que alguien que no llegó identificar le decía una y otra vez “Despierta, despierta y vive, antes de que el otoño de la propia vida te alcance, despierta y vive y así cuando llegue, puedas seguir viviendo con la experiencia acumulada””Despierta, despierta" ,se despertó de repente pero empapada en un sudor frío y con una sensación de extrañeza en el alma.

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