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lunes, 28 de noviembre de 2011

El Minotauro

Por Franjamares

Lo llamaban recelosamente la sombra y no era sino la vergüenza del hombre y el desliz de los dioses; peligroso al tiempo que de alta estirpe; un monstruo con cuerpo de varón y cabeza de toro, resultado de la unión entre Basifa, la bella esposa de Minos, seductora enamorada, y aquel toro de blancura deslumbrante que Poseidón mandara en señal de aprobación por parte del Olimpo del flamante reinado de Minos en aquella ínsula.

El Minotauro que así le pusieron por nombre al engendro, fue mandado encerrar. Eligió Minos para su perpetua ocultación un palacio en forma de laberinto, cuyas obras fueron diseñadas por el insigne Dédado, aunque éste las había cogido de Atenea, su ingeniosa mentora e iniciadora en las tareas del arte y de la industria.

Del interior de aquel laberinto nadie podía escapar, tampoco el Minotauro. Todo aquel que entraba en su seno, por voluntad o por accidente, quedaba cautivo de por vida de sus muros, y moría devorado por las soledades del hambre y del frío o por el propio monstruo que mugía sediento en sus entrañas.

El peligro, aunque oculto, seguía existiendo en su aciaga latencia, y para conjurar esta desgracia cada nueve años el rey Minos exigía de entre sus sometidos súbditos a catorce púberes vírgenes, siete varones y siete hembras, para que el Minotauro los devorara.

--Un momento, creo que te has desviado del tema, ¿qué tiene que ver toda esta historia con la psicología humana?

--Mucho, querida mía. Los mitos son nuestra forma de expresión más temprana. Es decir: a todos nos atañe la simbología de los mitos desde los estratos más profundos y esenciales de la psique, a cada persona como singularidad y a la humanidad entera como colectivo. Sería algo así como el modo de manifestar la “verdad sentida” que más se acerca a la realidad. Forma parte de un sistema puramente vital, que no conceptual, asentando su reino en los sustratos mentales más recónditos. Se puede decir que los mitos emergen desde el núcleo mismo de la conciencia universal. De ahí que sea irrelevante si un mito corresponde o no a un hecho real o histórico, siempre será real porque conforma cuanto sucede. Su realidad es más real que la realidad histórica, de la misma manera que un molde es siempre más real que lo moldeado (1).

--Visto así, Emilio, todo cambia. Puedes seguir con la leyenda Soy toda oídos. Mi profundidad mítica te escucha.

-Bien. Fueron pasando los años, hasta que a la sazón de la tercera demanda de púberes vírgenes, en joven Teseo llegó a la isla entre los jóvenes que iban a ser sacrificados. Teseo y Minos tenían en común una cosa, eran hijos de importantes dioses del Olimpo, Zeus y Poseidón, respectivamente, la luz y las profundidades, lo que le otorgaba a ambos rasgos de heroicidad innata, que Teseo demostraría en breve. Pero su primera experiencia fue con Ariadna, la hija de Minos, de la que sintió un amor repentino nada más conocerla.

Como mandaba el sacrificio, iba a ser encerrado con las víctimas pero antes, Ariadna, que también correspondía a su amor, le entregó un ovillo de hilo mágico, madeja proporcionada por Dédalo a demanda suya, diciéndole: “Abre la puerta de entrada al laberinto, pero antes ata el cabo suelto del ovillo al dintel. Y no temas, porque el ovillo, por sí mismo rodará por el suelo y, tras recorrer sinuosos caminos llenos de recodos, llegará hasta el escondrijo donde se halla el Minotauro. Debes sorprenderlo cuando duerma, momento en el que lo agarraras por los cabellos. De este modo el monstruo se te someterá y podrás llevarlo sagazmente a la luz. Y no te preocupes por el camino de salida, será suficiente con que vayas recogiendo hilo y así iras desandando lo andado alcanzando la puerta por la que entraste.”

Teseo procedió de este modo y logró llegar al escondrijo del Minotauiro. Lo halló adormilado y, como le aconsejado, con un movimiento rápido y certero lo trincó por las erizadas cerdas de su pelaje. Y cuál fue su sorpresa cuando de pronto vio que se le sometía, sin mostrarle mayores resistencias que las de su propio y pesado cuerpo. Luego, gracias a la guía del hilo dorado lo fue arrastrando hasta la salida, sacándolo por los pelos hasta la luz del día. Un sol radiante les daría la bienvenida, y ante la multitud, mostró al Minotauro liberado, pacífico, como si fuera un recobrado habitante más de la isla.

--Bella historia. Aunque yo creía que mataban al Minotauro.

--Eso ocurre en las versiones posteriores, no en la original. Además, ha de entenderse que este mito tiene una simbología clave. El ascenso desde la oscuridad del hades hasta la superficie terrestre bañada por el sol. Es decir: los traumas recibidos, las sombras reprimidas, los minotauros sepultados en el laberinto del inconsciente, que oscurecen y deforman la adecuada visión de la realidad, sacados a la luz por el hijo de las profundidades, auspiciado por la hilo de luz de Ariadna, hija de Minos y nieta de Zeus el dios solar por antonomasia.

--Por cierto, ¿qué pasó con ella, con Ariadna?

--Quieres decir que si hubo boda. Pues verás. Sí y no. Teseo zarpó de la isla en la noche llevando consigo a su prometida Ariadna. Tuvieron sus nupcias íntimas, sus misterios carnales sobre la cubierta de la nave en la que huían. Pero antes en plena madrugada, Teseo mostró el repentino deseo de descansar en tierra. Por lo que desembarcaron en la isla de Día. Por la mañana Ariadna despertó y vio afligida que su amado Teseo la había abandonado en la isla.

--Enamorada y abandonada, ¿por qué?

--Cuanta la leyenda en su versión más antigua que Teseo, vio en sueños a Dionisos, y que éste se le rebeló amenazante, exigiéndole que le entregara a Ariadna. Poco antes del alba, algo le despertó del sueño y como un autómata creyó ver la flota de Dionisos avanzar en dirección a la isla. Presa del terror, que no era sino un miedo inducido por los hechizos de Baco, huyó olvidando la promesa que le había hecho a su amada Ariadna.

Dionisio recogió a la prometida en la isla y se casó con ella. Esa fue la boda y no la de Teseo. Y al desposarla Dionisos le colocó en la cabeza la corona de Tetis, fabricada por el olimpo Hefesto, el mejor de los orfebres, con oro color fuego y joyas de la india colocadas en forma de rosas. Y esa misma corona, más adelante, fue puesta entre los astros por el propio Dionisos formando la Corona Boreal.

--Una historia triste, pero real.

--No lo dudes.

1.- Inspirado en el libro: Las claves de la enfermedad, Tratado de Anatheóresis, de Joaquín Grau.


miércoles, 16 de noviembre de 2011

Encuentro de escritura en acción, Cuevas de Maro, Nerja. Tertulia Entrelíneas. 5 noviembre 2011

El día en que murieron los políticos

No murieron todos de golpe; pero sí casi todos (una valiosa mayoría) tras el golpe de estado y la guerra que dio paso a un régimen totalitario, perdón autoritario; aquel que produjo una larga paz de miedo, con millares de políticos muertos. No eran estos sin embargo, políticos de profesión, sino gente de a pie que había creído por convicción, o simplemente por simpatía, que un mundo mejor y más justo era posible. Una vez más no iba a ser posible.

En aquel funeral de políticos de a pie, de hombres y mujeres del pueblo, se siguieron diciendo misas de réquiem para los victoriosos, y fallidas confesiones de cadalso para los vencidos y humillados, gente que de frente a la muerte seguían fieles a su conciencia sin creer en todas las farsas, y quienes sentían que morían en balde, con la sola esperanza de que sus hijos llegarían a valorar su lucha por un mundo más justo y humano.

Pero el tiempo que lo oxida casi todo, hizo que la cadena acabara soltando con los años algunos eslabones, que ciñera menos, aunque solo fuera para asegurar la supervivencia de un nuevo cerco, en apariencia menos controlador.

Fue en esa toma de aire fresco cuando resurgió, del inconsciente colectivo, un nuevo día de libertad. En ese día utópico sí harían falta otros políticos, también utópicos, aunque para eso el hombre tendría por fin que descerrajar las cadenas de su propia mente.

El secreto de la cueva

Aquel lugar era profundo y cálido. Sus paredes rosadas y rocosas temblaban bajo el ritmo mineral de las estrellas, al compás sincopado del movimiento del cosmos, del amor instintivo hecho carne y deseo, del abandono a la voluntad de la vida, a la comprensión de lo que es arriba como es abajo…

Entramos todos jubilosos, nos acompañaba el único propósito de nuestra existencia, que no era sino el deseo, incognoscible en su causa, de unirnos con aquello que refulgía en el seno abisal de la cueva y que para nosotros era su gran secreto.

Lo que parecía una carrera en pugna no lo era, pues no había en ella señales de competencia, más bien de colaboración. Unos y otros nos ayudábamos a seguir prosperando en aquellos abismos, llenos de peligro y también de esperanza.

Uno solo de nosotros lograría conocer el secreto. Uno, pero con la ayuda imprescindible de todos: por lo que habría que decir que serían todos los agraciados de este drama, aunque uno solo fuera el actor, el mismo que moriría para renacer, fundiendo su esencia y sustancia con la esencia y sustancia del secreto insondable de la gruta. El santo grial que envolvía el sueño de la vida con el misterio de la muerte.

Pero a medio camino el sueño de amor se vio de pronto frustrado. Una inmensa barrera de látex trocó el secreto voluntarioso de la cueva, en su accidental sorpresa.

Franjamares, Cuevas de Maro, Nerja. 5 de noviembre de 2011.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Encuentro de Escritura en Acción - Nerja

La perdedora de tiempo

María caminaba hacia atrás. Decía que no quería perder el tiempo y aseguraba a sus incrédulos oyentes que la única manera de recuperar el tiempo perdido era caminando hacia atrás. Y en ello pasaba sus afanosas horas, recuperando cada paso, decidida a recuperarlos todos, hasta el último, que no sería, lógicamente, sino el primero. “Entonces”, decía, “caminaría hacia delante, pero sin prisa, recogiendo todo el tiempo a su paso.” Pero no quería perder el tiempo en explicaciones, por lo que seguía su camino, hacia atrás y sin detenerse mientras hablaba.
Dicen las malas lenguas que cuando llegó al origen, tropezó en el vacío y estuvo cayendo durante siglos sin cuento.
Otros dicen que nunca llegó. Lo cierto es que aquellos que avanzaban hacia delante nunca la volvieron a ver.
Moraleja: el tiempo es lineal…o no existe.


¿Qué hacemos ahora?

Estuvimos remando durante horas, dejando que el agotamiento inundase nuestros miembros entumecidos. Los espejismos de una costa lejana se sucedían a cada golpe de remo. Remábamos a dúo sincronizado, con la mirada perdida en el horizonte sin fondo de la opacidad azul del mar y del aire. Un cielo sin nubes derramaba sus rayos sobre las aguas, reflejándose en su superficie desnuda. Por fin nos venció el agotamiento y dejamos caer los pesados remos.
-¿Qué hacemos ahora?-pregunté.
Un silencio sobrecogedor respondió a mi pregunta. Y fue así que recobré la consciencia de que estaba solo, de que siempre había estado solo en aquella barca sin remos que arrastraba la marea.

El secreto de la cueva

Un rayo de luz penetró la obscuridad de sus ojos. El negro de su pupila reflejó el dolor de su alma. Le tomó la mano que balanceaba insegura y lo atrajo hacia sí. Salieron juntos de sus miradas perdidas y se encontraron más allá.
Más allá del sentimiento, en lo más profundo de su secreto. Y, el descubrirse, los liberó de ellos mismos.

El día que murieron los políticos

Había una vez en un lugar del universo, que aún carece de nombre, una flor que se negaba a marchitar. Llegáronse los doctos del lugar para dilucidar cómo socavar su moral y, tras largas y enconadas discusiones alrededor de una bien servida mesa, decidieron que solo podrían vencer la terquedad de la flor retirando la tierra de sus raíces. Y así lo hicieron. En esto llegó una fuerte ráfaga de viento y la flor surcó los cielos, dejando tras de sí una lluvia de pétalos y semillas que descendieron sobre los escasos espacios de tierra que en la superficie quedaban.
La primavera siguiente vio como brotaban flores por doquier inundando con sus olores el aire hasta hacerlo irrespirable. Murieron así los políticos y con ellos se marchitaron las discusiones, mientras cada flor, una y todas iguales, miraban al cielo, titilando sus pétalos al compás de las estrellas.

Diego Pérez

martes, 8 de noviembre de 2011

Encuentro de Escritura- Cueva deNerja

El día que murieron los políticos

¿Se quedó desamparado el mundo? ¿Perdimos de repente a nuestros mesiánicos salvadores?¿Ocupó su lugar un sátrapa dictadorzuelo que prometía también protegernos a todos?
La verdadera muerte de los políticos se produce, se ha producido en el momento mismo en que se convirtieron en profesionales de la política.
Entonces el arte de gestionar el bien público se convirtió en otra empresa privada mas; con marketing, encuestas, índices de aceptación y participación, control de imagen y venta final del producto.

El Secreto de la Cueva:

Un viento gélido empezó a soplar de repente, las nubes se fueron arremolinando en el cielo y una capa espesa de agua empezó a manar del cielo.
Qué pequeño se sentía de repente ante el poder de la naturaleza.
Consiguió llegar sin saber cómo a lo que parecía la entrada a una cueva. Lo que más ansiaba en aquellos momentos era encontrar un lugar seguro y caliente donde poder guarecerse.
Calentar su cuerpo y su ánimo. Titubeó unos instantes, la lluvia ya era torrencial en aquellos momentos y esto terminó de darle el empujón que necesitaba y decidió por fin adentrarse en la cueva.
Cuando hubo avanzado unos pocos metros la oscuridad allí dentro era casi absoluta. Pero no tenía elección. Se acurrucó lleno de miedos e incertidumbres en un rincón. Sólo tenía un mechero que le podía servir para alumbrarse un poco en medio de aquella penumbra.
Le temblaban las manos mientras sacaba el encendedor de uno de sus bolsillos. A la luz titubeante de aquella pequeña llama vio unas pinturas en la pared.
Hombres y animales en escenas de caza tal vez. Aquellos dibujos le reconfortaron por unos instantes, y por unos segundos desapareció su sensación de miedo y soledad. Siempre le había asustado la oscuridad, pero ahora comprendía que a veces la oscuridad esconde secretos y misterios esperando ser descubiertos.

¿Qué hacemos ahora?

Ya se habían acabado todas las excusas posibles. Sin remedio tenía que enfrentarse con la realidad. Había pasado demasiado tiempo engañándose a sí mismo. Había llegado el momento de preguntarles a todos ¿Qué hacemos ahora?
¿Dejamos que nos sigan engañando o ponemos punto y final a todo esto?
Ojala mañana todas las urnas del mundo aparezcan vacías .Se darán cuenta entonces de que no tienen a nadie a quien representar.

La perdedora de tiempo

Solía pasarse las horas contemplando el mar, o la montaña, el río, las hojas de otoño, los pájaros, la lluvia caer, la nieve en los tejados, las flores recién abiertas, las nubes en pandilla sondeando el cielo, incluso los desconchados del techo.
Sus padres desconcertados la habían llevado a un especialista. Después de muchas pruebas y análisis, el doctor les había citado en su consulta. Ya tenía un diagnóstico. Se quitó sus gruesas gafas y clavó sus ojillos en los desconcertados progenitores.
Les dijo gravemente: Ya sé lo que le pasa a su hijita: es una “perdedora de tiempo”.
Y dicho esto volvió a colocarse sus gruesas gafas con las que parecía mirarles desde una lejanía inescrutable.

Begoña Ramírez Joya.

Encuentro de Escritura en Acción - Nerja

El día que se murieron los políticos

Los ciudadanos andábamos de un lado a otro turbados, optimistas, pesimistas, riendo, llorando pero siempre muy alborotados. Un grito unánime se oía en todos lados “Se han muerto los políticos”. Unos cantaban y saltaban por las calles diciendo “Se nos acabaron nuestros problemas” mientras otros clamaban entre lamentos “Esto es el fin del mundo” Ni lo uno ni lo otro ocurrió. Cambiaron caras, cambiaron palabras pero no cambió el problema. Al cabo de poco tiempo todo volvía a ser parecido o igual que antes.
La responsabilidad del problema no es sólo de un oficio, un título, un cargo o un grupo de la sociedad. Todos y cada uno somos parte del problema en la medida que no nos responsabilizamos de ella. No nos engañemos, no somos mejor ni peor por estar arriba o abajo sino por la actitud que tenemos y las decisiones que tomamos en cada momento. En todos lados hay gente generosa que quiere ayudar a los demás y gente egoísta que sólo le importa su propio interés.
Me llama la atención como criticamos a los dirigentes lo mismo que hacemos nosotros en la medida que podemos.
El problema está dentro de los seres humanos: en la desidia, en el deseo de poder, en la avaricia, en el egoísmo, en la pasividad, en la comodidad y en todo lo que favorezca la manipulación. Existe una cierta ventaja en que nos dirijan, en ser tratados como niños. Podemos criticar y ponemos en otros toda la responsabilidad de las consecuencias sin necesidad de asumir la nuestra.
Sólo cuando seamos capaces de responsabilizarnos de nosotros mismos, de nuestro entorno y de nuestra gran comunidad entonces no será necesario que mueran los políticos pues habrán perdido toda su fuerza manipuladora y oscura. Mientras tanto, tendremos necesidad de que nos dirijan, nos organicen y habrá siempre personas que lo hagan en su provecho sin importarle las consecuencias y nosotros podremos criticar a los dirigentes (padres) como (niños) libres de toda responsabilidad.
Cambiemos nosotros y cambiarán los que nos gobiernan.

Lola Carmona , 5 de noviembre del 2011

¿Qué hacemos ahora?

Dijo en voz alta para que Luisa lo escuchara desde otra habitación. Siempre que llegaban las 5 de la tarde Virgilio, como un resorte, se despertaba del letargo y quería actividad; sin embargo, pretendía que su mujer fuera la que le tuviera organizado lo que tuvieran que hacer.
No escuchó respuesta, lo que le dejó con gran preocupación pues él se sentía incapaz de decidir por sí mismo algo en qué ocupar la tarde ya fuera de trabajo u ocio. Volvió a repetir la frase, pasado un tiempo prudencial y siendo consciente de que algo raro ocurría se fue directo a buscarla por la casa para recriminarle su falta de atención. Al cabo de un rato sin resultado alguno y con la cara descompuesta encontró un papel sobre la mesa de la cocina que ponía. “Me voy porque no te aguanto más, yo voy a hacer lo que me de la gana y tú vete a hacer puñetas.

La perdedora de tiempo

Mariquilla era una niña a la que le gustaba pasar las horas imaginándose historias o viendo simplemente el vuelo de los pájaros, por eso en su casa siempre le decían que dejara de perder el tiempo. Eran tantas las veces que se lo dijeron que empezó a perderlo de verdad. Un día se dio cuenta que había perdido una hora pero a la semana siguiente fue toda una tarde.
Mariquilla fue creciendo y con ella el tiempo perdido. Las horas se convirtieron en días, los días en semanas, las semanas en meses y los meses en años.
Al principio no quiso darle mucha importancia pero cuando las horas pasaron a días decidió apuntar en su diario el tiempo que perdía pues cada vez era mayor el espacio que quedaba fuera de su sitio.
Ante tamaño problema ella no se amilanó sino que se dispuso a hacer todo lo que estuviera en su mano para poder encontrar el tiempo que le faltaba. Investigó todos los métodos para encontrar cosas: hizo control mental, rezó a San Antonio, molestó a San Cucufato y todo lo que se le dijo que funcionaba. Ella empezó a utilizarlos concienzudamente y funcionaron; sin embargo, no conseguía el resultado esperado pues en vez de encontrar la hora de ese mismo día encontraba la de hace unos 7 años y a vez que hacía ella con esa hora que ya se le había quedado chica y no le servía, cuando la que necesitaba era la que tenía la cita con el peluquero para esa tarde.
Cuando empezó a encontrar masivamente aquella cantidad de tiempo, que no sabía en qué ocupar pues le llegaba con retraso, se vio abocada a liquidarlo como única solución de control. Así que parte de su vida la dedicó a matar el tiempo.
Alguien le comentó alguna vez que por qué no se dedicaba en esas horas muertas a inventarse historias o simplemente contemplar los pájaros es decir, disfrutar de la vida.

Lola Carmona 5 de noviembre del 2011

domingo, 23 de octubre de 2011

Penélope






Penélope se sienta como cada mañana ante el espejo y empieza a peinar sus largos cabellos. Ahora lucen grises, casi blancos, pero hubo un tiempo en el que fueron del color de algunos atardeceres, rojizo. Balancea su muñeca en el consabido gesto mecánico de alisar y este gesto cotidiano y habitual, este momento de ensimismamiento siempre le produce el mismo efecto, los recuerdos se agolpan en su mente y se ve de repente en otro tiempo, en otro lugar. Se transporta a sus veinte años, cuando estudiaba ciencias puras en la universidad y conoció a Ulises. Por aquel entonces Ulises lucía una barbita interesante, militaba en grupos de acción estudiantil y era portavoz en la mayoría de las asambleas universitarias .Le encantaba escuchar su voz potente y enardecida por la pasión, hablando de huelgas y manifestaciones.
Pero no fue hasta un tiempo más tarde cuando empezaron a conocerse. Recuerda que aquella tarde llovía torrencialmente. Ella llevaba aún sandalias porque el verano acababa de terminar y el incipiente otoño se había mostrado caluroso. Se refugiaba como la gran mayoría de estudiantes bajo los soportales del campus universitario. Lo vio pasar empapado y cruzaron una mirada. Algo pasó en aquel momento, aunque Penélope tímida y reservada bajó apresuradamente los ojos no fuera a ser que él leyera en ellos la turbación que sentía en aquellos momentos.
Semanas más tarde fueron presentados en una fiesta estudiantil. Y a partir de ese momento se hicieron casi inseparables. Acudían juntos a mítines y manifestaciones y luego se comían a besos en cualquier rincón de cualquier cafetería. Aún le parece sentir el picor de esos pelillos punzantes de su barba que le dejaban luego el cutis, en exceso sensible, enrojecido y sobre todo su olor cálido, mezcla de café, tabaco de pipa, y colonia barata, que el presupuesto de estudiante no daba para otra cosa. Y sobre todo sus manos, esas manos grandotas, fuertes, contundentes, que a veces golpeaban la mesa con decisión y enfado .Esos gestos bruscos, que le recordaban que eran iguales pero diferentes. Pero sobre todo sus manos acariciándola. Ella le había intentado enseñar a acariciar levemente, como acaricia una pluma. Esa caricia suave, casi imperceptible la excitaba poderosamente, tanto como esas otras rabiosas y contundentes, explícitas, directas. Todo era como un juego, dulce, salado, suave, rabioso.
Terminó el curso y Ulises debía regresar a su ciudad de origen, a su casa familiar.
Ella también, y el descanso estival convirtió las vacaciones en una despedida.
Ulises partió hacia el norte de donde procedía. Se prometieron cartas y recuerdos.
Penélope recuerda que no pudo evitar derramar unas lágrimas cuando él balanceó su mano en señal de despedida desde la ventanita de l autobús. Se sentía ridícula y sobre todo infinitamente triste.
Durante el verano sólo recibió de él dos cartas. En la segunda le anunciaba que no volvería ese año a la universidad. Su padre había fallecido y su madre había decidido mandarlo a un colegio mayor.
Ambos siguieron sus vidas, cada cual por su lado, pero en el fondo de su corazón Penélope añoraba a Ulises, su héroe estudiantil de manos fuertes y mirada desafiante.
Durante ese año empezó a salir con otros chicos. Ulises por su parte, como ella supo más tarde, tenía una novia formal. Una chica de familia acomodada. La época de la militancia había terminado. Ahora cada cual buscaba eso que se llama provenir.
Pasados unos años Ulises contraía uno de esos matrimonios de conveniencia.
La pareja no tuvo hijos y pasado un tiempo prudencial ambos se dedicaron a llevar vidas paralelas, aunque siempre salían juntos y sonrientes en las fotos oficiales.
Ulises empezó a destacar en política y como una obligación más de su cargo comenzó a viajar por todo el mundo. Después de largas reuniones los caballeros solía frecuentar locales de alterne con prostitutas de lujo. Señoritas cuidadas, con las caras repintadas pero sin demasiado exceso y unas uñas largas y cuidadas de un rojo encendido. Los cuerpos delicadamente estilizados. Lugares para el relax después de la lucha política encarnizada.
Ulises disfrutaba de aquellos cuerpos, se encumbraba con ellos en las cimas de un intenso placer, y con alguna de aquellas chicas practicaba las caricias de pluma.
Rondaba ya la cincuentena cuando empezó a hacerse de nuevo preguntas para las que no encontraba respuesta.¿Qué sentido tiene todo esto?
Ya retirado de la política y después de haber pasado una profunda crisis existencial viajó de nuevo con alguno de sus antiguos compañeros que se empeñaron en rendirle un homenaje.-hacéis que me sienta viejo-murmuró
-Calla tonto qué viejo ni viejo..
Después te tenemos preparada una sorpresa mejor, te llevaremos al local más placentero de la ciudad.
Cuando llegaron al local, ya con algunas copas de más Ulises echó un vistazo a su alrededor .No le apetecía volver a las andadas pero algo llamó poderosamente su atención.
-Quiero a la pelirroja.-Le susurró Ulises a Arturo, el organizador del festín
-No te la recomiendo-le dijo socarronamente su amigo-lleva tiempo liada con las drogas. No sé ni cómo la dejan seguir trabajando aquí.
-No me importa,…
Volvió a mirarla, y pudo ver cómo se le acercaba un camellito de lúgubre aspecto, delgado en exceso, algo bizco por lo que pudo observar, de mirada torva, el pelo largo y descuidado. Podía haber encarnado perfectamente el papel de la muerte en cualquier representación teatral. Por suerte para Ulises uno de los gorilas del local lo echó a empujones.
Ulises se acercó tranquilamente a la barra y abordó a la chica.
-¿Cómo te llamas?
-Penélope
-¿Esperas a alguien?
-No, ya no
-Hace tiempo conocí a alguien que se llamaba como tú
Ahora es ella la que pregunta
-¿Estas casado? –
- Sí pero hace tiempo que ya no funciona.
-Eso dicen todos…
-En mi caso es la verdad
¿Tienes hijos?
-¿No haces muchas preguntas?
-Es parte de mi trabajo, hablar con clientes.-
- No, no tengo hijos
-Y tú ¿estás casada?
-Lo estuve pero no funcionó
- Eso dicen todas…
- En mi caso también es verdad-
Se ha hecho de repente un silencio espeso entre ambos que él intenta traspasar con el filo de sus palabras
-¿Subimos arriba?
-No sé últimamente no trabajo mucho
- No te preocupes…charlaremos
Penélope esboza una tímida sonrisa y sube con él
Ulises acacia su pelo, luego el cuello y finalmente su espalda, suavemente
Como aprendió a hacerlo hace mucho tiempo
-Has tardado mucho tiempo-dice Penélope en un susurro
-Sí. Repetí curso muchas veces en la escuela de la vida. Crecer no es fácil.
-A lo mejor si hubieras tenido hijos, te habrían enseñado.
-No, nadie aprende si no tiene la voluntad de hacerlo, aunque esa voluntad sea un leve destello. Aprendemos cuando surge en nosotros la necesidad de conocer. Esa es la tarea del buen maestro, prender fuego de esa pequeña mecha que es nuestro afán de conocer.
- ¿ Y cómo se yo que eres tú en realidad?
-¿Acaso enseñaste a otros alguna vez a acariciarte así…?
- Ha pasado mucho tiempo- susurra ella a modo de respuesta
- No me encaja contigo el tema de las drogas y mucho menos que trabajes en un lugar así- comenta él intentando no romper el hilo de comunicación que se ha establecido entre ambos.
- Las drogas según cuales y cómo se consuman ayudan a veces… a mitigar el dolor
Aunque reconozco que son un atajo nada recomendable. Pero no te preocupes, estos de abajo creen que me meto de todo .Así me dejan en paz y me los quito de encima.
En cuanto a mi trabajo, todos nos prostituimos en algo ¿no? Alguien me dijo que te dedicas a la política.
- No, esa época pasó
- Creí que ya no volverías a mí
- Tuve que vencer el canto de las sirenas, la ira de Poseidón, el rapto de la ninfa Calipso y enfrentarme con la medusa
- Eso lo explica todo

sábado, 3 de septiembre de 2011

Una mancha en el vestido


Estaba Andrés paseando una noche de primavera mascullando sus dudas existenciales y sin dar palo al agua, en su indecisión de como pasar esa noche, cuando se cruzó con una dama bellísima de cabello oscuro y de piel blanquísima. Un largo vestido blanco cubría su desnudez, si bien la primavera se presentaba cálida, no le pareció que fuera suficientemente abrigada.
Nunca supo muy bien por qué su mano se deslizó al ala de su sombrero, a la vez que su boca espontáneamente le decía:
- Buenas noches, señorita,¿ no siente frío usted?
Ella se detuvo, aunque tardó bastante en reaccionar y contestarle:
-No, no lo siento, en realidad estoy estupendamente.
Una sonrisa apareció en su bonito rostro, que negaba la presencia de algo que enturbiara su vida.
Sorprendido ya que la primera impresión que recibió de ella fue un gesto de preocupada concentración, se animó a decirle :
-Quiere usted compartir un café conmigo?
Ella lo pensó un breve instante y sonriendo le respondió:
- Porque no, vamos.
Él la cogió del brazo para ayudarla a cruzar la ancha avenida que los separaba de una cafetería,en la que luego comprobaron que la música buena era lo habitual y el café excelente.
Las horas pasaron inexorablemente entre cafés, murmullos y risas a esas alturas de la noche, Andrés se dio cuenta, que en las pocas horas que habían compartido, se estaba enamorando de ella.
De repente algo la sobresaltó y al dar un pequeño respingo volcó algo de café, que manchó la inmaculada falda de su vestido. Hizo un gesto de contrariedad y le dijo a Andrés:
- Lo siento debo irme.

Él como buen caballero de la época, no permitió que se fuera sola y se prestó a acompañarla en un taxi.
Al subirse ella se dirigió al conductor diciéndole escuetamente:
- Lléveme a Chacarita
Al llegar bajó apresuradamente del coche mientras Andrés le decía:
-Detente, espérame, no me has dicho tu nombre, ni donde vives, ¿puedo verte otra vez?
Ella volviéndose lentamente le contestó:
Mi nombre es Laura, Laura Canteros y sin más desapareció en la noche.
Andrés, volvió a subir al coche y dándole sus señas al chófer se relajó esperando la llegada a su casa.
Pasaron algunos días y Andrés no lograba sacarse a Laura de la cabeza,empezó a dar paseos por la zona en que ella se bajo del taxi, por el lugar del primer encuentro pero nada, no daba con ella.
Un día decidió buscarla en el listín telefónico, después de todo su apellido no era tan común y si tenia teléfono, allí estaría, ya que eran pocos los aparatos que había en Buenos Aires, encontró cinco en total y fue llamando uno a uno, recibiendo siempre la misma respuesta:
- Aquí no vive ninguna Laura.

Fue al llegar al cuarto número de la guía, cuando después de varios pitidos una voz de hombre seria y poco amistosa respondió:
- ¿Quién es?
Andrés lo saludó primero, diciéndole a continuación, si estaba Laura en casa.
El hombre después de un silencio lo espetó:
- ¿Quien es usted? ¿por qué nos hace esto?
Andrés, no entendía nada, balbuceó una disculpa e intentando hacerse comprender le explicó:
- Mi nombre es Andrés, no quiero molestarlo ni perjudicarlo, solo quiero hablar con Laura, hace algunas noches compartimos un café y no me dió mas que su nombre, vive allí alguna Laura?
La voz del hombre se oía cada vez mas descompuesta:
- Energúmeno, borracho, quien le ha mandado a hacer esta broma de tan mal gusto.
Andrés le respondió:
Disculpe señor pero no lo entiendo y yo no lo he ofendido o eso creo.
Nuevamente la voz tronó en el teléfono:
Laura, nuestra Laura murió hace seis meses.
Un silencio infinito se produjo en la linea telefónica, Andrés no sabía que decir y mucho menos que pensar, cuando recuperó el habla, se deshizo en disculpas, al punto de pedirle formalmente permiso para visitarlo y aclarar esta situación.
Al día siguiente a las cinco en punto, estaba esperando en la puerta de una hermosa casona en Villa del Parque. Las manos le temblaban levemente acusando su nerviosismo, un hombre de mediana edad, aunque su cabello era totalmente blanco, le franqueó la entrada, haciéndolo pasar a un salón en el que había un controlado desorden. Tal como se representa una casa que no solo se habita, sino que se vive,
Paseó por el salón mientras su anfitrión iba a buscar una taza de té para ofrecerle. De repente sus ojos se posaron en una fotografía que reposaba sobre la mes, desde ella una joven le sonreía.
- ¡¡¡¡¡¡No puede ser, es Laura!!!!!
No salia aún de su sorpresa cuando el hombre volvió con una bandeja, cuando vió el rostro de Andrés se sobresaltó, era solo una máscara blanca.
- ¿Qué le sucede? ¿qué ocurre? ¿perdió el valor? ¿ya no quiere disculparse?
Andrés solo balbuceaba frases ininteligibles y se echaba las manos a la cabeza. Parecía verdaderamente un poseso. El padre de Laura lo hizo sentar y beber algo de té. Poco a poco Andrés logró contarle su loca noche con Laura, tal como la vivió. Ahora era el rostro del hombre el que se había tornado ceniciento.
Al día siguiente, ambos se dirigieron al cementerio de Chacarita, el buen hombre con todo su dolor hizo exhumar el cadáver de su h¡ija. Al quedar al descubierto, todo estaba perfectamente en orden, su mayestática belleza permanecia incólume, su vestido blanco como la nieve, intacto, algo sin embargo les llamo la atención, su falda llevaba impresa una mancha de café.


Alicia Gaona