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domingo, 4 de noviembre de 2012
El camino
lunes, 24 de septiembre de 2012
domingo, 1 de julio de 2012
-Los días enmascarados, 1954.

domingo, 27 de mayo de 2012
martes, 17 de abril de 2012


Tertulia Entrelineas.Encuentro de escritura en acción. Nerja. Abril 2012
Pintar un huevo:
Un lienzo, en blanco. El amarillo, la esfera del sol. Nuestro sol, el cada día como el pan. Y sus haces de luz transparentes, como la clara. Invisibles pero presentes. Me pregunto ¿Cuántas cosas invisibles estarán siempre presentes?.
Ese pájaro que se ha colado con su canto ¿las verá? ¿Será eso lo que nos está cantando?
El tertuliano invitado:
Se coló por la ventana, se invitó él mismo.
Su gorgojeo acompañaba nuestra conversación y a veces se imponía con rotundidad de pájaro.
Algo tendré que decir también pues formo parte
Como vosotros de este planeta llamado tierra.
Aunque para nosotros los pájaros sería más apropiado planeta aire, que es nuestro medio habitual.
Tenemos la ventaja de poder bajar de vez en cuando a la tierra firme. Esa que se pisa.
Acostumbrados como estáis a pisar tierra, pisáis también la flor que os regala su perfume mientras la estáis pisando.
La llave:
La llave y la clave, ambas abren una puerta o un nuevo pensamiento. La ranura que coincida con la muesca de la llave y las razones que conduzcan a descifrar el enigma.
El héroe mitológico que consigue encontrarse a sí mismo y descubre que no es necesaria la llave y que esa es la clave.
El incendio (de Roma) :
La ciudad amaneció entre llamas, que como gigantes de fuego se comían a dentelladas todo aquello que encontraban a su paso. Roma y su imperio habían llegado a lo más alto y cuando se llega arriba ya sólo queda bajar o volar. Lo que ha alcanzado su máxima madurez, plenitud o belleza comienza su declive. Por eso el máximo esplendor y la caducidad se acompañan inseparablemente. Caminan de la mano, como dos hermanos inseparables en perpetuo desacuerdo a los que une la sangre. A cada instante vivido lo acompaña un instante de muerte, el postrero, el que ya vivimos, como consume la llama que finalmente también será consumida.
La llave
La llave, sin saber nadie como, se cayó de su alcayata. Impactó contra el suelo y saltó desviada hasta caer por el abismo del sumidero. Decían que era la última llave y ahora todas las puertas estarían cerradas. Había sido la llave maestra y ahora es la llave perdida. Las cerraduras permanecen sólidas y bloqueadas guardando los secretos de la vida.
De pronto alguien dijo: “oíd todos y mirad conmigo: no hay ni puertas, ni muros, ni cadenas…”. Nadie le hizo caso, pero él seguía hablando, y su voz era como un soplo que iba desde los valles del corazón hasta las cumbres de la mente.
El incendio de Roma
Las llamas del gran incendio que consumía a la pérfida babilonia, nido de oprobio y de pecado, de prostitución de todo tipo y de todo tipo de usura, quemaron las últimas hojas de papiro que contenían las palabras del profeta. El Apocalipsis que había advertido, futuro inminente del imperio impío, ardía junto a las casas, animales y personas de su gloriosa capital.
¿Quién prendió la mecha? Eso parecía ser en la catástrofe lo de menos. Para unos sería éste, para otros aquellos. El oxígeno, combustible universal, hacía arder con la misma imparcialidad las casas del arrabal que los lujosos palacios y templos. Al cabo, sobre las ascuas de infames y mártires, refulgiría con más fuerza aún el Imperio.
Pintando huevos
A Luis le gustaba pintar. Veía el mundo desde una óptica muy cromática, donde los colores predominaban sobre las formas. Los pigmentos que usaba en sus obras solían ser colores primarios y además lo prefería en polvo. En las disoluciones y mezclas solía usar el agua, así como aceites y trementinas, pero el resultado nunca parecía ser el deseado. Jamás llegaba a la viveza de los colores sensibles, mucho menos a la magia de los que concebía en su activa imaginación.
Un día le vino la solución como caída del cielo, del cielo de la boca de su amigo Juan (en este caso), pues éste, en una sobremesa, experto como era en soltar chascarros, ocurrencias y chistes, le dio por contar el de la sopa y los dos mariquitas. Uno le pregunta al otro, “¿Oye, tú cómo te tomas la sopa?” “Yo, con un huevo dentro.” “¡Ojú qué postura más difícil!”.
A Luís, con la risa, se le iluminó la mirada. Todo lo imaginaba ahora con la textura y contraste que la clara del huevo le proporcionaría a la solución y mezcla de sus pigmentos, y a sus laboriosos cuadros, donde quería atrapar la luz que, con su propia cadencia, vibra en todas los colores del mundo, del mundo de los sentidos y de aquel que albergaba en sus fantasías
El tertuliano invitado
La reunión era a las nueve de la noche. Pero el inicio de la misma, tratándose de españoles, siempre se demoraba de media a una hora. Ese día Vicente, a quien había invitado uno de los miembros de aquella inusual tertulia, decidió asistir. Y no porque estuviera aburrido, sino porque no tenía nada mejor que hacer. Pensó que como era su primer día no llegaría demasiado temprano, tampoco excesivamente tarde, así que las 9,30 en punto, ya estaba frente al portal del edificio donde tenían la sala de reuniones. Llamó al portero automático pero nadie le contestó. Esperó unos minutos y nadie aparecía con la intención de entrar en el inmueble. Al cuarto de hora de titubeante espera, apareció un hombre mayor del que tiraba un perrito con su correa. Ninguno de los dos resultó ser de la tertulia. Comprobó el día por si acaso: viernes, el día señalado, y volvió a llamar. Nada. Al cabo de media hora, se marchó intrigado más que defraudado.
El tertuliano invitado fue el único que asistió ese día a la reunión.
Franjamares, Tertulia Entrelíneas, abril de 2012
martes, 3 de enero de 2012
DEJA VÚ

Deja vú (Histórico)
En las afueras de la ciudad un grupo de gentes celebran la llegada del Año nuevo.
Con cartones y palos han hecho una hoguera, entre palmas una copla.
“El rico siempre es el rico
y el pobre siempre es el pobre,
pa él el hoyo más grande
pa nosotros el más chico……
Esta misma escena se repite desde el principio de los tiempos
Deja vú (Nochevieja)
Mientras intenta no atragantarse con la doceava uva, Elvira piensa para sí misma- ¿Esta misma escena no la he vivido yo antes.?
Deja vú(De Nochebuena)
En el 2º derecha, como todos los años se escucha mucho jaleo. Es Nochebuena y por eso todo el mundo hace el oído gordo. Es decir hace como que no se entera.
Acabo de tener la sensación de que esta misma situación la he vivido antes.-le comenta Ernesto a su esposa, mientras contempla le escena que se desarrolla a su alrededor.
Su madre acaba de amenazar a todos que tirará el pavo por la ventana si su hermano y su mujer no dejan de discutir.
Sus sobrinos están intentando acabar con todas las bolitas del árbol. Su padre sigue roncando en el sofá como todos los años, aunque de vez en cuando abre los ojos no se sabe si con la esperanza de que todo esto no sea mas que un mal sueño.
Y como la nochebuena pasada y la anterior y la otra siguen esperando a su
hermano pequeño, según el canon de edad que queramos usar porque ya ronda los taitantos. Llegará tarde y seguramente borracho para no enterarse de nada. Oliendo a tasca barata y a humo, les dará un beso a todos y luego se empeñará en bailar un pasodoble con su querida madre.
- No querido no es un de javú, es que llevamos diez Nochebuenas viviendo la misma escena.
Deja Vú
Ambos viejecitos posan cogidos de la mano tiernamente. A sus 98 años aun conservan cierto candor adolescente.
Querido-le dice ella suavemente, mientras un triste noticiero desgrana las frías cifras de la economía mundial.-¿Esto no lo hemos vivido ya antes?
-Sí –le contesta él con un movimiento de cabeza que ya a su edad es incontrolable-en el 29 y luego en otras ocasiones. Pero sobre todo en el año 1929.
Tú tenías 16 años Oh..qué tiempos aquellos. Recesión, recesión, recesión……
Begoña Ramírez Joya. Tertulia Entrelineas Enero 2012
lunes, 12 de diciembre de 2011
El loco

Los estrechos límites de su localidad le asfixiaban. No tenía, por otro lado, medios para viajar a ninguna parte. Pero en su mente se dibujaban paisajes insólitos, mares por descubrir, personajes desconocidos que le llamaban en sus noches sin sueño. Enseñoreaban sus días cavilaciones sin término, deslizándose sigilosas formas entre la espesura de sus cabellos, hormigueando subrepticiamente por entre las corcovas de sus dedos, creándole una inquietud, un malhadado desasosiego que no le dejaba vivir.
Apenas sin darse cuenta se encontró en el camino. Un zurrón a su espalda guardaba sus posesiones. Una rama de sauce, tomada descuidadamente del camino, le apoyaba en su marcha. Se alejó por entre los cerros innombrables, cruzando ríos sin cauce y arroyos secos, guiándose por las estrellas en sus desveladas noches de insomnio. Por el camino desierto no encontró conversador alguno, salvo acechantes alimañas que no perturbaron su caminar ensoñado.
Después de muchas leguas pensó en detenerse para, como entendía ser de rigor, descansar. Pero no estaba cansado. Una incertidumbre lo poseía y lo impulsaba a avanzar, siguiendo los caminos o vadeando las aguas a su paso, sin meta y sin parámetros, como brizna en caída libre, representando un papel que no conocía. Sentía sus pasos flotar, como sin rozar la superficie, recorriendo en sordina, sin ruido de hojarascas, chasquidos ni chapoteos, avanzando a velocidad vertiginosa sobre una tupida superficie móvil que escapaba hacia atrás bajo sus pies, perdiéndose, enrollada como una alfombra, en la infinitud del pasado. Las montañas desaparecían convertidas en profundos valles y las llanuras aparecían y se transformaban en desiertos, para desvanecerse en espejismos sin cuento. Había olvidado cuanto tiempo hacía desde que dejo su lugar, pero la memoria lo había abandonado, o había quedado entre los enseres que dejó olvidados atrás. Todo parecía en movimiento salvo las estrellas que definían los límites del cielo. Fijaba sus ojos en ellas como intentando comprender su significado, si algún significado tenían, mientras sus pies seguían volando ágiles, insensibles a la materialidad de la tierra que ya no pisaban. Un canto monótono escapó de su garganta, acompasando el vaivén de sus miembros. Sintió como aquellos puntos luminosos lo atraían, cada vez con más fuerza, mientras una liviandad se iba apoderando de su cuerpo, que ya apenas sentía, como si flotase en un líquido efímero y temperado. Apenas percibió el momento del cambio, si lo hubo, cuando se encontró voluptuosamente sobrevolando la tierra hasta que fue perdiéndose como un punto más en el infinito espacio sideral.
Diego Pérez Sanchez.

